El uso de la cámara oculta.
Los medios de comunicación desde su inicio han cumplido un rol esencial en la organización de la vida cotidiana de la sociedad y en su participación en la cosa pública, posibilitando, valga la redundancia, la construcción de la opinión pública.
El periodismo de investigación ha sido el encargado de sacar a la luz los actos de corrupción que por naturaleza tratan de ocultarse. Existen fuerzas sociales muy poderosas interesadas en que este tipo de hechos no se revelen para permanecer impunes.
Sin embargo, el rol del periodismo se ha ido erosionando con el avance de las políticas neoliberales que suscitaron el progresivo desarrollo de una potente industria cultural que abarca, entre otras ramas, las corporaciones mediáticas.
En este contexto, se concibe a los productos culturales como manufacturas comerciales y como tales deben responder a los parámetros de rentabilidad económica. Así los contenidos se producen en función de atraer audiencias a través de noticias espectaculares que generen impacto en la sociedad, relegando a un segundo plano la calidad y seriedad de un trabajo periodístico, en detrimento de la credibilidad del periodismo de investigación.
Se ha caído, en la actualidad, en un desmesurado uso de la cámara oculta para poner al descubierto hechos que involucran a personas públicas, pero que sin embargo carecen de verdadera relevancia social, más allá del impacto mediático. Este tipo de prácticas transgrede los límites del derecho a la intimidad de las personas involucradas, lo cual no solo traspasa límites legales sino éticos fundamentales en la función periodística.
Además en muchos casos, el uso de la cámara oculta suele ser el único material del que se dispone para presentar un informe, que carece por lo tanto de bases sólidas quebrantando los principios básicos de cualquier tarea periodística profesional.
Por supuesto que una buena investigación, puede contar con el uso de la cámara oculta, pero como un recurso más que complemente una investigación previa en la que se han corroborado los datos, pero no como única herramienta.
Es evidente que se necesita la creación de un marco legal que regule el uso de la cámara oculta, pero manteniendo recaudos para que no se ponga en riesgo la libertad de prensa.